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Desarrollo Profesional

Areté. Una ética. Un comportamiento.

20-11-2010

Gastón Minardi

¿Cuál es el potencial de la excelencia? ¿Cómo entenderla? ¿Es una potencia? ¿Es una acción? Es más, ¿es una disposición del ánimo? ¿Cómo podemos crecer en la excelencia? ¿En un núomeno o un fenómeno kantiano? ¿Existe fuera del Sujeto o es parte del Sí? ¿La excelencia es algo metafísico que jamás podremos conocer, o más bien es algo que podemos instituir a través de la reflexión, del pensar en sí del propio Sujeto? La excelencia es algo que “habita” dentro de nosotros no externamente, no objetivable, sino fundamentalmente experimentable a través del propio autoconocimiento. Y es aquí donde reside la clave que permitirá destrabar el círculo vicioso de la autoflagelación y la profecía autocumplida. Pensar que podemos, permite diseñar lo que podemos hacer. El mundo que existe más allá de nosotros es un mundo que nosotros queremos que sea, que exista. Es la razón, mejor dicho, la posibilidad de pensar “la cosa”, lo que va a permitir que “la cosa” sea creada y modificada. Como plantea José Pablo Feinmann, “…el hambre, solo el hambre, no hace revoluciones. Las revoluciones las hacen el hambre y la conciencia del hambre”[1]

Kant dice algo así como que a partir de aplicar a la realidad (en realidad él habla de objeto) las categorías del entendimiento, el objeto (valga realidad para nosotros) queda por completo constituido. Y al constituirse se vuelve parte del Sujeto que la constituye. Como dice Feinmann, “el mundo del sujeto es el mundo que el sujeto ha constituido” [2]


A ver, recopilemos. La excelencia es algo propio del Sujeto, por lo tanto cognoscible y aprehensible. Con “h”. Cosa agarrable, fuertemente. Aprehendemos weberianamente la realidad para poder transformarla, pero he aquí que kantianamente la realidad que queremos agarrar (por ejemplo la excelencia o el éxito) habitan en nosotros mismos. Volvemos a Delfos: “conócete a tí mismo”

Y si la podemos agarrar porque habita en nosotros, la excelencia en realidad es una acción, y una acción un comportamiento y éste, repetido constantemente, en un hábito, y con el paso del tiempo, irremediablemente en una cultura.

Entonces, pensemos areté. O reflexionemos sobre la virtud, que para el caso es lo mismo. “Todo lo que nos da la naturaleza lo recibimos primero como potencialidades, que luego nosotros traducimos en actos. Las virtudes las adquirimos ejercitándonos, primero, en ellas (…) nos hacemos justos practicando actos de justicia, y temperantes haciendo actos de templanza, y valientes, ejerciendo actos de valentía (…) de los actos semejantes, nacen los hábitos”[1]

Es interesante esto que escribe Aristóteles puesto que ubica a la virtud (en este caso la práctica de la excelencia) como algo no solamente conseguible, sino fundamentalmente practicable. Es más, lo hacemos realidad si lo hacemos, no sólo si lo pensamos, lo cual genera un interesante giro de la historia sobre lo que estábamos comentando más arriba. La idea de romper el eterno retorno de la distopía argentina a través de ejercer uno dominio sobre aquellos hábitos que producen actos que generan consecuencias. Si queremos actuar sobre las últimas, generemos los primeros.

Volvamos a Covey que releyó de una forma interesante a los clásicos y los aplicó al, a veces, simplón y playito mundo del Management. El cuenta que buscando material para escribir sus libros, rastreó en toda la literatura norteamericana sobre liderazgo separando entre aquellos libros que referían a una “ética del carácter” como cimiento del éxito (ligados a lo que Max Weber denominó Etica Protestante) de aquellos que se referían a cuestiones de la personalidad o la conducta (Etica de la personalidad) Dice Covey que aquellos ligados al carácter se referían a conductas y creencias tales como: integridad, humildad, fidelidad, mesura, valor, justicia, paciencia, esfuerzo, simplicidad, modestia; y los ligados a la personalidad trabajaban sobre habilidades y técnicas para influir en las personas (Dale Carnegie es un ejemplo claro).

¿Cuántas veces asistimos a seminarios y cursos que pivotean sobre la ética de la personalidad? ¿Cuántos libros y herramientas conductuales aplicamos en base a los considerandos de esa ética? Es más, pensemos un poco si nuestras políticas, procesos y procedimientos de gerencia no están afincados en aspectos de la personalidad y no del carácter. Si verdaderamente creemos en servicio al cliente, gestión del talento y el aprendizaje, calidad total y mejora continua y varios etcs, o si bien ellos son solamente un reflejo (como el muro de la Apología de la Caverna platónica) de una personalidad.

Es más, la propia excelencia es generada a partir de la construcción de imágenes y dispositivos comunicacionales que “hablan” de nuestra modernidad, flexibilidad, adaptabilidad y otras yerbas, pero que una vez que raspamos, solamente queda el recuerdo vago de algo que existió y se pareció a una empresa responsable y seria. Quizá filosofar a martillazos nos de la respuesta. Martillar una y otra vez sobre la costra para recuperar lo que alguna vez fue, un deseo, una ambición, ganas al menos, y que luego se revistió de capa tras capa de modas, modismos, y todo un maquillaje de la renovación que al terminar la noche muestra su rostro más duro.

Vayamos entonces a trabajar sobre la ética del carácter como modelación del alma y espíritu templado que permite generar acciones y una conducta ligada a la maximización del éxito sustentable en el largo plazo por los mismos límites que la conducta generaba. Estos límites no tenían que ver con el miedo o la ambición desmedida sino precisamente con la templanza de los placeres, el justo medio que permitía un disfrute racional y medido del éxito, lo cual aseguraba (vía la moderación) la continuidad de ese éxito. Max Weber, el famoso sociólogo alemán de fines del siglo XIX y principios del siglo XX, escribió un gran libro en el cual encontramos las puntas filosóficas que nos permiten explicar el punto anterior. Antes vale la pena aclarar que Weber intentaba demostrar que determinado tipo de convicción ética y moral, que encontraba su cauce y organización en el protestantismo anglosajón, favoreció la acumulación y reproducción racional del capital y el ejercicio apasionado y firme de una profesión laboral, lo cual a su vez retroalimentó la fuerza del naciente capitalismo.

Covey apuesta más. En realidad Covey parte de donde Weber se queda, esto es en el límite entre utilitarismo y ética, y recupera la ética como modeladora del carácter. Es así que plantea que “la ética del carácter se basa en la idea fundamental de que hay principios que gobiernan la efectividad humana, leyes naturales de la dimensión humana que son tan reales, tan constantes y que indiscutiblemente están tan “allí” como las leyes de la gravitación universal en la dimensión física”[1] Volvemos otra vez a Kant y encontramos que eso que buscamos afuera (llamado excelencia en este caso) está en nosotros; sólo resta descubrirla, develarla y traerla al campo del consciente para luego aplicarla y, repitiéndola ad infinitum, transformarla en un hábito. Covey dice en un momento que esos principios forman parte de una conciencia general de lo humano, o mejor dicho de una verdadera moral y conciencia humana.


Gastón Minardi

Lic. En Ciencia Política. UNR. Diplomado en Comercio Internacional y Marketing Estratégico. Escuela Argentina de Negocios.
Posgrado en Ciencia Política y Sociología. FLACSO 2006 (cursando). Posgrado en Políticas Públicas y Desarrollo Local. FLACSO 1997-1998.
Capacitador y Consultor de la Gerencia de Capital Humano de SESA Sélect, Coordinador del Programa de Estrategia, Gestión y Liderazgo en RRHH de la Universidad Austral y Prof. Invitado a la cátedra de RRHH de la Facultad de Ciencias Empresariales de la Universidad Austral.
Es profesor de Postítulo en Recursos Humanos IESERH-UCA. Es Facilitador de la División de Telerecursos de Sesa Select para temas como Formación de Mandos Medios y Supervisores en Contact Center.
Es conferencista y capacitador empresarial en áreas de Gerenciamiento.
Es Capacitador de la Academia Nacional de Capacitación del Consejo Nacional de Federaciones de Bomberos Voluntarios para su Programa de Formación de Dirigentes.
Ha dictado, y dicta capacitación in company en diferentes empresas de la Provincia de Santa Fe.
Es Director de Relaciones Institucionales, Prensa y Comunicación de la Asociación Odontológica de Rosario.
Es Coordinador de la Escuela de Negocios del IESERH.
Fue asesor legislativo y actualmente asesora a comunas y municipios sobre gestión pública.
Fue consultor Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo
Es consultor de APYME
Es consultor del Banco Interamericano de Desarrollo para el Programa COMPRAPYME de APYME.

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[1] La Filosofía y el barro de la historia. José Pablo Feinmann, pág. 82. Editorial Planeta

[2] Idem 3, pág. 90.


[1] Siete hábitos de gente altamente efectiva. Stephen Covey, pág. 43. Editorial Paidós.


[1] Etica a Nicómaco. Aristóteles, pág. 18 y 19. Editorial Porrúa.

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