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Management

La intuición, y otras variables cardinales del directivo (2º parte)

05-01-2007

José Enebral Fernández

Cuatro variables cardinales

En busca de la efectividad, creí interesante relacionar entre sí algunas variables cardinales que determinan los resultados profesionales del individuo. Considerando relativamente fijos en cada caso el conocimiento que atesoramos, la inteligencia de que disponemos, los esquemas mentales que nos caracterizan, los valores que profesamos..., es decir, nuestro perfil competencial, me pareció acertado destacar cuatro importantes elementos relacionados con nuestra energía psíquica y ya referidos, que, como el viento, son cambiantes y pueden aparecer con diferente intensidad y dirección; me refiero a:

* La intención que nos mueve.
* La atención que dedicamos.
* La intuición posible.
* La actuación resultante.

El conocimiento nos capacita para actuar, y lo hacemos, en efecto, a partir de lo que sabemos, de la decisión que nos mueve y de la razón que nos asiste; ésta —la razón— consiente a veces dictados de la intuición, o los modula; en cada asunto, tarea o función que desarrollamos, la intuición reveladora se muestra proporcional a la atención que le dedicamos; ésta —la atención—, aunque sometida a interferencias, parece ponerse al servicio de nuestras intenciones, es decir, de las metas, globales o parciales, elegidas... Me sigan o no con asentimiento, sí convendremos probablemente en haber enfocado cuatro puntos fundamentales que, si no determinan, contribuyen a la efectividad de empresarios, directivos y trabajadores del conocimiento. Después del evento de Buenos Aires, he conocido los estudios del profesor Masaru Emoto, que parece venir a mostrar que la naturaleza agradece nuestros mejores pensamientos, emociones e intenciones: yo diría que, de este modo y al menos, la intuición nos ayuda más.

Creí en efecto necesario observar la intuición en este escenario de variables endógenas, y desplegando también y paralelamente funciones, a menudo solapadas o concurrentes, de nuestro desempeño profesional:

* La comunicación interpersonal.
* El estudio de información.
* La percepción de realidades.
* La realización de tareas.
* La solución de problemas.
* La toma de decisiones.
* La creatividad e innovación.
* La búsqueda de oportunidades...

Como el amor, la intuición no tiene horario (ni fecha en el calendario, que así reza la canción venezolana): puede, sí, aparecer siempre, en todo lo que hacemos. La solemos relacionar, en la empresa y sobre todo, con la toma de trascendentes decisiones y la imprescindible innovación, pero acompaña cotidianamente a nuestra inteligencia al examinar documentos e informaciones diversas, al entrevistarnos, al reunirnos, al sumergirnos en la reflexión, al concentrarnos en la tarea, al estudiar nuevas posibilidades, al diseñar un plan de acción... Pensando en descubrir e innovar, la historia nos ofrece casos muy llamativos de contribución intuitiva, y podemos recordar a Pasteur, Einstein, Edison, Kekulé..., por no remontarnos a la Antigüedad. Pero seguramente todos conocemos casos más próximos, y además nuestra propia experiencia puede resultar muy aleccionadora.

Dentro de nosotros hay saber depositado en diferentes niveles de conciencia; hay, si lo preferimos así, conocimiento explícito, tácito e intuitivo; pero es que apenas nos conocemos a nosotros mismos, y ni siquiera, a veces, somos muy conscientes de nuestras metas profesionales y personales. Volviendo a aquellas cuatro variables asociadas a nuestra energía psíquica, detengámonos algo más en éstas, en las metas e intenciones, que supuestamente determinan lo demás y para cuyo alcance nos ha de ayudar la intuición (en buena medida, somos lo que perseguimos). Busqué, en la prensa económica y revistas especializadas, declaraciones de directivos de una industria milenaria, la del vino, que me atrae especialmente porque la considero bastante autotélica (y porque me gusta el buen vino, caramba, de vez en cuando y sin abusar), es decir, llena de empresarios amantes de sus caldos, orgullosos de sus productos. Hay, por no hablar de las actividades artísticas o deportivas, otros sectores con perfiles similares —llenos de vocación, que ven la actividad como un fin en sí misma—, pero decidí elegir éste.

Conservo algún material, pero sólo recordaré, como ejemplo, declaraciones de un conocido bodeguero de Rioja que hace 30 años se propuso aumentar su producción y difundir su mejor vino por el mundo: “Para lograrlo fue preciso poner en marcha un plan bien meditado a 10 años vista. Era obvio —decía Don Julio Faustino Martínez en la revista Vino y Gastronomía— que el objetivo básico y primordial era conseguir un terreno de excepcional calidad, para plantar las mejores variedades de vino de La Rioja... Tuvimos que despedregar todo el terreno... Finalmente hubo que drenar, estercolar y desinfectar el suelo en varias parcelas y hacer una buena labor de desfonde...”. Don Julio parecía mostrarse orgulloso no sólo de haber alcanzado felizmente su objetivo, sino del trabajo realizado para ello; no hablaba de resultados económicos sino de logros profesionales, y esto parece lo más frecuente en el sector vitivinícola.

Pero también encontré reportajes y declaraciones de ejecutivos de unas conocidas bodegas (Bodegas Vinartis, con vinos de mesa como Cumbres de Gredos y otros de mayor expresión como Pata Negra), que me resultaron sensiblemente distintas: “El vino español tiene un problema de competitividad en el exterior: las Denominaciones de Origen” (Miguel Canalejo Larráinzar, presidente de estas bodegas, en Expansión, en junio de 2004); “El objetivo es incrementar las ventas en 2004 y obtener un ebitda de 15 millones, un 17,1% más” (Expansión, también en junio); “El ebitda estimado para 2004 asciende a 14,5 millones, lo que supone una subida del 20,8%” (Cinco Días, en diciembre); “Cumbres de Gredos prepara su desembarco en la denominación Rioja” (Estrategia empresarial, en diciembre); “El año que viene nos reforzaremos con la compra de bodegas en Rioja y Ribera del Duero” (Expansión, en junio); “Cumbres de Gredos prepara su desembarco en el mercado de EEUU” (Cinco Días, en diciembre). Acudiendo a las mismas fuentes, no he podido comprobar, dos años después, la consecución de estos y otros futuros logros entonces anunciados (“Este grupo se convertirá en una de las mejores bodegas internacionales”, decía su director general), pero sólo deseo destacar ahora la diferencia en la intención y atención aquí sugeridas, respecto de las más vocacionales y habituales en este sector, centradas en sus productos.

Uno pensaría que hay empresarios que dedican su atención a la calidad y competitividad de sus productos o servicios, y otros a los parámetros financieros, aunque ésta sería una simplificación atrevida, una inferencia temeraria: lo normal es que la atención se reparta... Pero, ¿a qué vienen estos párrafos míos anteriores? A que la intuición, para contribuir al éxito, parece aliarse más con la autotelia, que con la exotelia; con la lealtad a la profesión, que con el afán de negocio; con la dedicación a la tarea, que con la obsesión por el resultado económico; con la orientación a la colectividad, que con el interés particular. Naturalmente, la empresa, de este u otros sectores, debe perseguir resultados económicos; pero no parece saludable que éstos absorban la atención de los directivos: sí que la atraigan y la dirijan, pero no que la absorban. Dicho de otro modo, el beneficio puede verse como consecuencia de la actividad bien gestionada, o ésta como medio inevitable de conseguir aquél, y esta perogrullada vale, claro, para cualquier sector económico.

De modo que, aparte del ejemplo que nos ofrecían las experiencias de Sony y Coca Cola en materia de metas perseguidas, o intenciones manifiestas de sus ejecutivos, podemos encontrar otros con facilidad y más cerca. Por dar un paso más —o quizá otra vuelta a la perdiz—, puede estar ocurriendo que el desmedido afán de liderar mercados, de obtener beneficio rápido, de cultivar la propia imagen, esté bloqueando la intuición —si no otras facultades o competencias— de algunos directivos y empresarios; pero son muchos los profesionales que logran la deseada conjunción entre la satisfacción profesional y el logro de resultados: a éstos visitaría más la intuición, por ser más receptivos. Sí, destacaría la ventaja competitiva que la intuición supone para quienes la cultivan; esta facultad viene a constituir una metacompetencia en nuestro perfil profesional: permite obtener el mejor rendimiento de las demás competencias.

Hablamos, sí, de la facultad singular que guió, en las diferente épocas, a tantos científicos y empresarios que contribuyeron a la innovación y el progreso, y que no perseguían como fin enriquecerse, sino contribuir al bienestar de la sociedad. Algunos filósofos de nuestros días han seguido reflexionado sobre el uso particular y el social de la inteligencia, apostando por éste. No les propongo aquí, en modo alguno, un management by intention, ni un management by attention, ni un management by intuition; pero, tras una actuación más efectiva y satisfactoria, quizá habríamos de revisar nuestra intención, gestionar mejor la atención y cultivar la intuición: creo que valdría la pena. Me apetece repetirlo, si me lo permiten: revisemos nuestras metas e intenciones, gestionemos en consecuencia nuestra atención —especie de llave de paso para lo que llega a la conciencia—, y pongamos catalizadores para la intuición; de este modo —salvo que ya lo estemos haciendo— haremos más efectiva nuestra actuación profesional.

Dando todo su significado a estas reflexiones, podríamos llegar a una cierta reingeniería y revitalización de nosotros mismos que quizá resulte oportuna en algún momento de nuestra trayectoria, llegados tal vez a la rutina o la fatiga mental. Desde luego, no cabe pensar en el autodominio, en el gobierno de nosotros mismos, sin un suficiente control de la atención y la conciencia; y si además tenemos algún acceso al inconsciente, nos vamos acercando ya a un buen aprovechamiento de nuestras facultades. Habrán pensado que el inconsciente es una especie de sótano o desván en que guardamos cosas por si alguna vez nos hacen falta...; pero yo querría añadir que la conciencia, entendida aquí como memoria consciente, es un poco como el frigorífico: bien ordenadas, caben más cosas.

En esta síntesis no deberíamos olvidar la necesidad de separar la intuición auténtica de otros móviles, tanto al tomar decisiones, como al formular opiniones o extraer conclusiones. Una mente, quizá más atribulada o entrópica que serena y ordenada, podría verse afectada por impulsos que, lejos de relacionarse con la intuición, lo hicieran con deseos, intereses, obsesiones, conjeturas, juicios prematuros o temerarios, ocurrencias, temores, creencias erróneas, improvisaciones, aprensiones, ambiciones, sentimientos, etc. A nada de esto renunciemos, pero identifiquemos bien cada cosa y distingamos bien la intuición genuina.

Puede que para escuchar esta voz interior, debamos taparnos los oídos; o que para ver más allá, más profundo, hayamos de cerrar los ojos. Hay en efecto mentes en que apenas se produce la catálisis de la intuición, como hay otras muy familiarizadas con el fenómeno... Sí, quizá debamos profundizar en su significado: ¿a qué llamamos intuición?

Próximamente publicaremos en la tercera y última parte de este artículo.

José Enebral Fernández
Director de Contenidos
Alta Capacidad

Titulado en Ingeniería Industrial por la Politécnica de Madrid, José Enebral, nacido en Madrid en 1951, se ha dedicado siempre a la formación de personal técnico y directivo, de grandes empresas españolas y de otros países. Estuvo entre los primeros en dedicarse en España a la producción de sistemas de Enseñanza Asistida por Ordenador y Vídeo Interactivo (1987), siguió luego alternando la formación en aula con el e-learning, y abordando temas diversos en el desarrollo de directivos: competencias cognitivas y emocionales, calidad de vida en el trabajo, creatividad e innovación, intuición en la toma de decisiones, cultivo de valores corporativos, transformación cultural, liderazgo inter e intrapersonal, gestión del conocimiento, etc. Es conferenciante habitual en distintos foros, y columnista en diversos medios impresos y electrónicos.

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