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Derecho Laboral

Trabajar de sol a sol

23-02-2007

Alfredo E. Cammarata


La historia nos ha enseñado que en la lucha por mejorar su calidad de vida, el hombre apeló a continuos cambios que le depararon resultados vinculados con su salud y bienestar.

El trabajo, categoría exclusivamente humana, paralelamente al desarrollo de los distintos modelos económicos, estuvo condicionado por las circunstancias que determinaron los sistemas esclavistas,  en la antigüedad, la servidumbre en el medioevo y el trabajo asalariado, a partir de las revoluciones políticas e industriales del siglo XVIII.

Uno de los aspectos esenciales del trabajo es su duración, aquello que en las legislaciones laborales del siglo XX, denominamos jornada laboral, es decir el tiempo que el trabajador pone a disposición de su empleador y que resulta ecuación básica del acceso a la remuneración.

Las leyes de Manú (año 1280 A. C.) establecían el trabajo de sol a sol, y ello no como una consideración al trabajador o esclavo sino porque el mismo debía desarrollarse durante el día solar. El avance tecnológico facultó la incorporación del trabajo nocturno, es decir la extensión de la jornada, y precisamente Robert Owen, filósofo y sociólogo ingles, comenta la duración de los tiempos de disposición de los trabajadores en los establecimientos industriales británicos( mediados siglo XIX) que eran de 14 a 16 hs.

Las luchas de las organizaciones obreras en Inglaterra (trade unions), llevó como conquista la jornada de 12 hs (New Lanark), a pesar que desde principios del siglo XIX, se reivindicaba una reducción a 10 hs.

Este breve raconto histórico nos permitirá introducirnos en esta contemporaneidad, donde evidentemente hemos regresionado a aquellos tiempos pretéritos.

Nuestra ley fundamental laboral (Ley 20,744), en su art. 197 define el concepto de jornada laboral y no esta mal que lo recordemos: " Se entiende por jornada de trabajo todo el tiempo durante el cuál el trabajador esté a disposición del empleador en tanto no pueda  disponer de su actividad en beneficio propio.

Integrarán la jornada de trabajo los períodos de inactividad a que obligue la prestación contratada, con exclusión de los que se produzcan por decisión unilateral del trabajador.

La distribución de las horas de trabajo será facultad privativa del empleador y la diagramación de los horarios, sea por el sistema de turnos fijos o bajo el sistema rotativo del trabajo por equipos no estará sujeta a la previa autorización administrativa, pero aquel deberá hacerlos conocer mediante anuncios colocados en lugares visibles del establecimiento para conocimiento público de los trabajadores.

Entre el cese de una jornada y el comienzo de la otra, deberá mediar una pausa no inferior a doce horas".

A pesar de las numerosas reformas que padeció nuestro ordenamiento laboral, ésta norma y otras que citaremos permanecen incólumes, ello en virtud de ser la estructura fundamental  del régimen contractual y la garantía de defensa de la parte más débil, es decir el trabajador.

Los arts. 198 y 199 de la Ley 20744, establecían la jornada reducida y el límite máximo con sus excepciones, pero el dispositivo fundamental y la defensa más efectiva contra el abuso patronal, está diseñado en el art. 196 de la Ley, el que reza: "La extensión de la jornada de trabajo es uniforme para toda la Nación y se regirá por la ley 11.544, con exclusión de toda disposición provincial en contrario, salvo en los aspectos que en el presente título se modifiquen o aclaren".

De esta forma se unificó la jornada de trabajo en su duración en todo el país, concluyendo con el problema a que daba origen los diversos criterios de las Provincias al respecto. Al principio coexistieron con la ley nacional 11.544(año 1929), otras de carácter local (durante la vigencia de la ley 20.744), que al regular el descanso en sábados y domingos y obligar al pago del sábado a la tarde, reducían el tiempo semanal de trabajo a 44 hs. La distorsión que produjo esta norma en los territorios provinciales, en virtud de retribuciones diferenciadas en las provincias donde debían retribuirse 44 hs. como si fueran 48 hs., llevó en el año 1976(Ley 21.297),  a eliminar esta pluralidad de disposiciones, en un todo de acuerdo con la Constitución Nacional(art. 67, inc. 11), que otorga a la jornada laboral el carácter de derecho de fondo.

La normativa legal que estamos comentando(Ley 20.744 y su reforma Ley 21.297), solo admitía la reducción de la jornada laboral por ley nacional reglamentaria o por contrato individual de trabajo. En consecuencia ni las leyes provinciales, ni las convenciones colectivas de trabajo tenían eficacia al respecto.

Los años 90 con su monomanía flexibilizadora en materia de salarios y condiciones generales de trabajo y haciendo gala de sagacidad legislativa, produjo la sustitución del art. 198 de la L. C. T. por el art. 25 de la denominada Ley de Empleo nº 24,013, dándole un golpe de gracia a la tutela de la jornada de trabajo que garantizaban las ocho horas, facultando a las convenciones colectivas de trabajo a introducir reformas en la jornada de trabajo, es decir a extenderla sin compensación económica. Esta circunstancia permitió variar la jornada laboral de acuerdo con la demanda e instaló la denominada polivalencia funcional, es decir aquella que asegura que cada trabajador desarrolle su función central y las actividades periféricas que sean necesarias para completar con "eficiencia su trabajo".

Desde principios de los años noventa (1991), los trabajadores y sus organizaciones sindicales pudieron negociar jornada de trabajo y polivalencia funcional(vertical u horizontal), lo que obviamente no fue una  conquista, pues debilitado como estaba el movimiento obrero organizado, fue forzado a aceptar un sistema cuyo eje lo constituyen el régimen de jornada, basándose en su variabilidad, la distribución conforme a las necesidades de la empresa y la determinación de promedios y límites para su aplicación.

Esta consolidación de las políticas neo-liberales, obedecieron al proyecto flexibilizador cuyo objetivo central era el de bajar costos a costa del trabajador y fué vendido por los asesores de muy conocidos estudios jurídicos que pusieron letra a lo que como línea impuso el Consenso de Washington. De esta forma con una representación gremial atomizada, con convenios por empresa (Heladerías Freddo y la totalidad de los gremios que representaban el séctor de empresas de comida rápida, así como otros sectores de la producción), se puso en funcionamiento una modalidad que permitía a las empresas en tres grupos de trabajo establecer un límite de prestación horaria anual, pudiendo distribuirla en forma desigual  conforme sus necesidades. Se decía entonces que el nuevo dispositivo permitiría al trabajador tener jornadas reducidas y jornadas de 12 hs. generadas por la alta demanda de trabajo. Se decía también que el trabajador tenía garantizado un salario uniforme, sea cuál fuere el total de horas trabajadas, dentro de las tres jornadas testigo, y la empresa se asegurara una adecuada dotación conforme a los requerimientos fluctuantes de la oferta y la demanda de productos que depende de factores subjetivos y de elementos aleatorios. Consecuencia, tómelo o déjelo, pues el otro argumento, conocido por los trabajadores fue la defensa de la fuente de trabajo, frente al riesgo que significaba para las empresas perder competitividad en el mercado.

Un convenio que reuniera las características arriba detalladas establecía para la parte empresaria una notoria ventaja competitiva que contrastaba con los altos costos laborales de empresas análogas y se pretendió argumentar falazmente que el modelo que habían lanzado, era uno de los remedios contra la desocupación configurando un marco donde deben desarrollarse desde el Poder Ejecutivo las políticas activas.

Pruebas al canto, el nivel de desocupación creció trágicamente desde entonces, los salarios se congelaron y en el contexto de la crisis disminuyeron y los trabajadores regresaron a ancianas épocas donde la jornada laboral era de sol a sol, los descansos entre jornada no se respetan, la polivalencia funcional campea la realidad laboral y la higiene y seguridad en el trabajo se devalúa día a día, con el nefasto resultado de accidentes de trabajo que son consecuencia del stress laboral y la jornada sin límites.

Que hacer frente a ésta realidad. Fortalecer los niveles de representación de los trabajadores en sus organizaciones sindicales y participar plenamente en los lugares de trabajo, denunciando los excesos en la jornada laboral, las condiciones de higiene y seguridad en el trabajo y el pago de las remuneraciones por jornada extralegal, ello a través de las comisiones de fábrica y la permanente reivindicación de los derechos indelegables en lo individual y colectivo que garantiza una legislación vigente pero que no se aplica, y consecuentemente reclamar ante la Autoridad de Aplicación el cumplimiento de las disposiciones referidas a las jornada de trabajo, el salario mínimo, la higiene y seguridad y el regreso a una política que privilegie el trabajo registrado.

El otro quehacer es el de los abogados laboralistas en sus Instituciones y en su diario abogar por los derechos del trabajador, circunstancia  ésta que permitirá traer conocimiento a muchos compañeros que hoy, en pleno siglo XXI, ignoran los mecanismos que podrían articularse para controlar el avance de la prepotencia empresaria.

El Estado tiene en todo éste contexto una responsabilidad primaria, la que deberá orientarse a resolver la dispersión legislativa en las normas laborales y asegurar el pleno cumplimiento de aquellas con la intervención de una Policía del Trabajo con planteles adecuados a las necesidades de inspección en todo el país, pues de nada valdrá la norma si no garantizamos su cumplimiento, facultando que el trabajador no quede inerme y solo atendido por una justicia que no responde a la urgencia de sus pretensiones y que como morosa no es justicia.

Alfredo E. Cammarata
Abogado Laboralista

Profesor de Historia, Apoderado del Sindicato del Personal de Industrias Químicas y Petroquímicas de Rosario, Miembro fundador de la Asociación Argentina de Derecho del Trabajo y la Seguridad Social, Seccional Rosario. Publica artículos en medios especializados en la material laboral y en periódicos sindicales. Participa en medios radiales y televisivos asociando su vocación por la defensa de los intereses de los trabajadores con la pasión por la música.

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